DS N.º 44: La prevención no se resuelve con otra carpeta en el estante

Una empresa puede tener la matriz de riesgos al día, el reglamento interno firmado y un programa preventivo impecable archivado en una carpeta. Es más, puede mostrar todo eso en una fiscalización y "salir jugando".


Pero la pregunta real es otra: ¿Esos papeles cambian en algo la forma en que se trabaja en el día a día?


Desde el 1 de febrero de 2025, el Decreto Supremo Nº 44 nos puso un nuevo marco para gestionar los riesgos laborales en Chile. Su entrada en vigencia obligó a las empresas y prevencionistas a desempolvar documentos, revisar responsabilidades y actualizar procedimientos que, seamos honestos, a veces llevaban años con telas de araña.


Hacer esa revisión es algo obligatoria. Si no tienes los papeles, los tienes a medias o nadie los conoce, la multa, más temprano que tarde, sucederá. Pero creer que implementar el decreto es solo actualizar Word y PDFs es quedarse en la superficie y perderse lo importante.


La razón es simple, el DS Nº 44 no pide solo papeles; pide participación real, compromiso de las jefaturas, adaptar el trabajo a las personas y la mejora continua. En pocas palabras: plantea que la seguridad tiene que ser parte de la operación diaria, no un trámite anexo. Y ahí es donde la cosa se pone difícil.


Cuando la seguridad solo vive en el papel


En prevención es fácil chequear si un documento existe. Lo realmente complejo es saber si refleja lo que "pasa en la cancha".


Y la realidad, es que pasa todo el tiempo: una matriz describe un cargo que ya cambió; un procedimiento explica una forma de trabajar que nadie usa porque es impracticable; una capacitación se respalda con firmas, pero la mitad del equipo no entendió nada.


Ojo, no decimos que los documentos no sirvan. Importan, y mucho. El problema es cuando el documento se convierte en la meta final y no en la herramienta para actuar.


Todos sabemos que los accidentes no pasan de la noche a la mañana. Tampoco se explican siempre por "el descuido del trabajador". La gente trabaja en turnos, con metas de producción, bajo supervisión, con ciertas tecnologías y con plazos determinados que aprietan. Las decisiones sobre mantención, plazos o dotación influyen directamente en el riesgo. Por eso, culpar automáticamente al que cometió el error es la explicación más rápida, pero también la más incompleta.


Lo que nos enseña la realidad


Un estudio chileno publicado en la revista Ciencia & Trabajo (1) analizó una intervención de seguridad en una empresa productiva local. Lo interesante es que no miraron la seguridad como un manual técnico, sino a través de dos factores que deben ir juntos:


1. El clima de seguridad: Que es lo que la gente percibe. ¿La seguridad es una prioridad real o solo importa producir? ¿Hay confianza para avisar de un riesgo o te miran feo si paras la máquina?


2. El sistema de gestión: Que es en definitiva la estructura. Políticas, capacitaciones, auditorías y responsabilidades.


En aquel estudio, se concluyó que si tienes estructura pero no tienes convicción, la prevención es pura burocracia. Si tienes ganas pero no tienes estructura, todo depende de esfuerzos aislados que se mueren al mes. En la empresa estudiada, se dedicaron en trabajar estas dos aristas a la par durante 11 meses con 435 trabajadores. 

¿El resultado? Mejoró el ambiente laboral, aumentó el compromiso y bajaron los accidentes.


La lección quedó clara: para mejorar la seguridad hay que intervenir cómo opera la empresa, no solo cómo archiva sus papeles. 


La cancha real vs. el escritorio


El DS Nº 44 busca justamente crear una cultura preventiva. Conceptos como la adaptación del trabajo a la persona o la participación son ejes principales ejes de la normativa, la cuál compromete un cambio estructural en las empresas y su realidad en temas de seguridad.


Pensemos en la MIPER que exige el Decreto Supremo. No se puede armar correctamente desde un escritorio en una oficina de prevencionistas, sin conocer antes la empresa que la necesita. 

Para ver los peligros reales existentes, se debe hablar con los operadores, entender los procesos operativos, entender las "pifias" del día a día, ver esas "soluciones informales", las que pasan muchas veces desapercibidas a simple vista, y que los trabajadores inventan para que la meta se cumpla a tiempo. 

Y es que, en gran parte  de los casos, son esas mañas que salvan la producción, pero que esconden riesgos gigantes que el procedimiento oficial ni imagina y que se deben tener en consideración.


Escuchar a la gente no es un check list para cumplir con la ley; es la mejor fuente de información que tiene la sociedad.


Dos niveles para tomárselo en serio


En consecuencia, para nosotros, como De Kanel Consultores, apoyar a las empresas en la adecuación de sus cuerpos normativos a las exigencias del DS N.º 44 requiere atacar dos frentes al mismo tiempo:


1. El nivel técnico y normativo: Que significa revisar o generar la MIPER, la política, los mapas de riesgos y los reglamentos según el tamaño de tu empresa. Esto da el orden necesario, la evidencia y garantiza un correcto cumplimiento legal.


2. El nivel organizacional: Aquí es donde necesitamos realizar las preguntas incómodas, pero fundamentales: 


¿Los jefes meten la seguridad en la ecuación cuando asignan tareas de último minuto?


¿Un trabajador puede levantar la mano por un riesgo sin sentir que está "atrasando la pega"?


¿Investigamos los incidentes para aprender o solo para buscar quien es el responsable?


Si estas conversaciones no están pasando en los pasillos, se puede estar cumpliendo en el papel, pero también podrías estar expuesto a una realidad distinta.


Externalizar la ayuda no quita la responsabilidad


Las mutualidades hacen un gran trabajo de apoyo técnico. Entregan formatos, guías y charlas. Pero la ley es clarísima: la responsabilidad final sigue siendo de la empresa.


Un formato genérico no conoce tu operación. Dos empresas del mismo rubro pueden tener turnos, máquinas y culturas totalmente distintas. Adaptarse bien exige agarrar la normativa y traducirla al idioma de tu empresa. Una plantilla copiada y pegada puede tener los logos perfectos, pero no te va a salvar de un accidente.


Cómo lo hacemos nosotros


En De Kanel Consultores apoyamos a las organizaciones en la adecuación al DS N.º 44, considerando tanto los instrumentos exigidos como su aplicación práctica.

El proceso puede comenzar con un diagnóstico de brechas para identificar qué antecedentes existen, cuáles requieren actualización y qué obligaciones corresponden según las características de la empresa.

A partir de ese diagnóstico, podemos apoyar la elaboración o revisión de la MIPER, políticas, programas preventivos, mapas de riesgos, reglamentos y mecanismos de seguimiento.

También trabajamos con quienes deberán implementar estos instrumentos: directivos, jefaturas, supervisores, comités paritarios y equipos de trabajo.

Porque una matriz puede identificar un riesgo, pero se necesita liderazgo para controlarlo. Un procedimiento puede establecer cómo debe ejecutarse una tarea, pero se necesita comunicación para que sea comprendido. Y un programa puede definir una medida preventiva, pero se necesita seguimiento para que efectivamente se implemente.

¿Cómo avanza su empresa?

Si su organización necesita revisar su nivel de cumplimiento o implementar los instrumentos exigidos por el DS N.º 44, en De Kanel Consultores podemos apoyarla mediante un diagnóstico y un plan de adecuación ajustado a su realidad.


Referencias

1. Lillo Sepúlveda, H.; Jiménez Figueroa, A.; Méndez Campos, M. D.; Moyano-Díaz, E.; y Palomo-Vélez, G. (2014). “Una experiencia de intervención psicosocial en cultura positiva de seguridad en una empresa productiva chilena”. *Ciencia & Trabajo*, 16(51), 192-197.

2. Ministerio del Trabajo y Previsión Social. Decreto Supremo N.º 44, Reglamento sobre gestión preventiva de los riesgos laborales para un entorno de trabajo seguro y saludable.